El Blog de Espacio Cuidado Natural

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EL ARTE DE DEJAR IR

Aromas que recuerdan el otoño

Octubre se viste de hojas secas, de calabazas de múltiples formas y colores, de castañas asadas y del aroma a tierra mojada. Hoy el cielo anuncia un agua que aún no llega, el viento guarda silencio y las nubes se compactan evitando ver lo que hay al otro lado. Mientras, yo me entrego a una hoja en blanco, al teclado de mi ordenador, a la espaciosidad de una mente que se funde con el momento presente. Me acompaña la lumbre de una vela de miel que apura su vida segundo a segundo.

Quizás nazca una nueva historia, de esas que gusta leer en otoño, mientras se saborea una buena taza de cacao y al abrigo de una tupida manta. Huele a naranja, a canela, a anís estrellado, a miel y a cacao amargo… Aromas que me llevan a mi hogar interno, que despiertan ese rincón sagrado que todos albergamos en algún lugar de nuestro corazón.

Las hojas se van dejando caer, mostrando en ese simple gesto una sabiduría que habla tanto de nosotros como del propio árbol; que durante un instante, dejó de tener a la hoja arropando su rama para mostrarla desnuda al viento otoñal. Soltar y dejar ir… qué gran lección revestida de tantas experiencias y situaciones como mentes creadoras de pensamientos. Sin embargo, para el árbol, siempre adquiere el mismo significado. Inevitable resulta resistirse a lo que es.

¿Te imaginas un árbol que emplease toda su energía para evitar la caída de sus hojas?

Se vería triste, deprimido, desvitalizado y agotado. Así nos encontramos en muchos momentos de nuestra existencia, como ese árbol que se resiste a lo que es, que se resiste al propio pulso de la vida; olvidando que su latido muestra la melodía de la propia vida, a la que no quiere ver, en la que no se quiere vivir.

¿Duele? Seguro que sí… Y sin embargo, hay tantas y tantas revelaciones profundas en el dejar ir, tanta relajación y consuelo en el arte de soltar.

El cuerpo descansa, porque ya no tiene que esforzarse en demasía para sostener aquello que dejó de tener sentido tiempo atrás. La mente se libera del pensamiento recurrente, en ocasiones catastrófico, por el primitivo miedo a perder. Cuando en verdad, descubre que gana… Gana calma, gana descanso, gana amor propio, gana la posibilidad de experimentarse de un modo diferente, quizás más refrescante, nutritivo y acorde a su propio biorritmo; el cual vuelve a escuchar, porque se vive con mayor presencia, pues ha aprendido a habitarse.

Otoño2

El otoño me recuerda el camino a casa… lo hermoso de sentirme habitada, escuchada, sostenida. 

El árbol aprende porque la vida se encarga de enseñarle el camino, le muestra dónde mirar y mirarse, hasta que su revelación llega con tanta claridad como para dejar de mirar hacia atrás. Y nosotros, al observar y al observarnos, tenemos el don y el privilegio de aprender de ello. De la vida contenida en cada árbol, en la hoja que permanece y en la que se deja mecer por el aire y en un instante impredecible, se deja caer.

¿Qué te gustaría soltar?

Te propongo un pequeño ejercicio tan fácil y sencillo que te gustará hacer sola o en compañía de los más pequeños.

1- Date un paseo por el campo, redescubre en tu caminar el parque que tengas más cerca de casa, adéntrate en un espacio natural mientras te das el tiempo para observar y reflexionar en la belleza y sabiduría contenida en las hojas, que con suavidad se dejan caer.

2- Escoge algunas de las hojas que encuentres en el suelo. Se cuidadosa y respetuosa con el entorno. Toma las hojas y mientras las observas permite que aflore en ti aquello que sabes que te vendría bien dejar ir: Un pensamiento recurrente y autodestructivo, un hábito insano, una creencia limitante, una relación desgastante, la auto-exigencia…

Hojas decoradas

3- Agradece al entorno y regresa a casa. Allí prepara un espacio cómodo y confortable, ten a mano rotuladores de colores para que puedas vestir a las hojas de bonitos colores.

4- Primero, escribe aquello a lo que te comprometes a dejar ir. Adórnalo con los colores que tú sientas. Hazlo bonito, permite que tu creatividad te muestre tu lado más luminoso. Luego, usa el resto de las hojas para expresar todo lo que ganas al dejar ir aquello que has representado en la primera hoja.

5- Diviértete con este ejercicio y exprésate con total libertad y autenticidad.

6- Observa el resultado. Recréate en las sensaciones que a ti van llegando y atesora en tu corazón la comprensión con la que cierras este ejercicio.

Me gustará saber en cometarios qué tal lo has vivido, cómo y de qué manera te ha inspirado y nutrido.

Si sientes el impulso de profundizar y aprender, de transformar aquello que duele en arte, de habitar tu cuerpo en la quietud y en el movimiento… encontrarás en mi acompañamiento un lugar seguro en el que vivirte en total libertad. 

 

En el botón encontrarás el modo de contactar conmigo. 

María José Romero Toscano

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