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LA CANCIÓN DE GAIA

Había pasado un ciclo lunar completo y la Tierra estaba sumida en un extraño silencio. De todos era conocido que algo estaba ocurriendo. Es cierto, que al principio resultó reconfortante y balsámico. Muy ansiado y esperado e incluso por Ella. Se encontraba cansada, fatigada y anhelaba respirar, hacer una pausa y volverse a llenar de energía renovada.

Y así fue, cuando todo se silenció, las ciudades y los pueblos se quedaron vacíos y el hombre y su familia se refugió en su casa, como miles de años antes lo hiciera en su cueva. La industria paró y los cielos se limpiaron. Ya no volaban los aviones, ni los barcos surcaban lo mares y océanos. Y la Tierra se sintió aliviada. El ruido desapareció y se volvieron a escuchar el trinar de los ruiseñores al alba y la primavera desplegó todo su color y los valles se cubrieron de flores y nuevos brotes.

A los bosques llegaron muchos rumores. Algo le ocurría al hombre. Los pájaros que en la ciudad vivían llevaron la noticia a las profundidades de los bosques, donde la Madre Tierra permanecía dormida.

—Ahora disfrutamos de la esperada paz. La Madre Tierra se está sanando y nuestra vida sobre ella se llena de alegría cada día. ¿Por qué debemos preocuparnos por el hombre? ¿A caso él ha cuidado de nosotros alguna vez?—se pronunció el majestuoso Ciervo.

Todos los animales que se encontraban reunidos en aquel momento guardaron silencio. Cierto era lo que el ciervo argumentaba, sin embargo… todos sabían que no era ese el camino. E incluso el mismo Ciervo sintió como su noble corazón se estremeció, embargándole una gran tristeza.

Un pequeño colibrí se acercó al majestuoso Ciervo y le susurró al oído.

—No importa lo que el hombre desde su  inconsciencia haya hecho en el pasado… pero sí importa lo que nosotros decidamos hacer hoy, para restablecer de nuevo el equilibrio. Recuerda que Todos somos Uno y que Todos, incluido el hombre, formamos parte de Ella.

Los ojos del Ciervo se llenaron de lágrimas y su corazón, de compasión y amor. Tras una pausa, se pronunció de nuevo.

—Despertemos a Gaia, reunamos a todos los animales en Consejo Extraordinario. Que las aves hagan llegar mi voz en todas las direcciones, llegando incluso a los confines de la Tierra. Desde los picos más altos a las profundidades de los Océanos. Nuestra misión, ¡Ayudar al Hombre!

Los Árboles que presenciaron las palabras del Ciervo, se unieron a su causa. Y a través de sus raíces, llegaron al Corazón de Gaia, transmitiéndole el sentir de la Naturaleza.

Gaia, la Madre Tierra, se sintió tan conmovida, que todos los seres vivos del planeta sintieron en ese mismo instante que Gaia estaba despierta. Ella comenzó a cantar, un canto de amor puro que llegó a cada rincón del planeta. Su canto era un mensaje de Amor sólo perceptible por los seres de corazón noble.

Cuando el Colibrí y el Ciervo oyeron su cantar, supieron que ese era el mensaje que debían hacer llegar al Hombre.

—Pero ¿cómo lo van a entender?¿Cómo encontraremos a un hombre de corazón noble?—preguntó el Ciervo.

—No son hombres ni mujeres adultos lo que hemos de buscar. Les daremos este mensaje a los niños y niñas. Pues ellos aún siguen conectados a la Madre Tierra. Su corazón es puro y su mirada, clara e inocente. Entreguemos a los niños la semilla del nuevo mundo —dijo el colibrí entonando la canción de Gaia.

Todos los pájaros del bosque comenzaron a entonar la canción y a transmitir este mensaje de esperanza desde poniente a levante y desde norte a sur.

—Faltan tres días para la Luna Llena. También ella quiere ser testigo de este momento tan importante —dijo el colibrí— Será esa noche cuando llevaremos la canción de Gaia a los más pequeños. Las aves serán las encargadas de tal misión.

—¿Crees que ellos nos entenderán? —preguntó el ciervo.

—Gaia nos ayudará en eso.

La Madre Tierra se sentía tan llena de vida y tan feliz, que hizo brillar el planeta desde su centro hacia la superficie. E incluso el Sol y la Luna percibieron su luz, pues llegaron a sentir la energía amorosa de la Madre.

Cuando la Luna Llena coronó el cielo junto a millones de estrellas, los pájaros aguardaron la señal de Ella. Gaia comenzó a cantar y su cantar volvió a conectar con el corazón de cada ser vivo. Los pájaros fueron guiados por su  melodía y se posaron en todas y cada una de las casas donde el Hombre se refugiaba. Buscaban a niños y niñas de corazón puro.

Poco a poco, fueron llegando y comenzaron a picar sobre los cristales de las ventanas, con la intención de despertar a los más pequeños de las casas.

Uno a uno, todos los niños del mundo se fueron despertando y cada uno de ellos descubrió a un pequeño ser alado en la ventana de su cuarto.

Luc tenía 7 años, su pelo era negro como la más profunda oscuridad, sus ojos de color miel y su piel rojiza como la tierra donde vivía su pueblo. Él vivía junto a su familia en un pequeño pueblo, cerca de las montañas rocosas. Esa noche, como cada Luna Llena, su padre le había contado una bonita historia, donde los bisontes corrían libres por las llanuras y su pueblo vivía en pequeños poblados al abrigo de las estrellas. A Luc le encantaba escuchar aquellas viejas historias llenas de tradición.

Estaba dormido plácidamente cuando sintió un pequeño ruido. Se levantó de la cama sorprendido al ver un pequeño pájaro posado en el poyete de su ventana. Era un bonito ruiseñor de pecho azul, que no dejaba de picar sobre el cristal. Luc abrió la ventana y sorprendentemente no se asustó, continuó allí parado observándole como si quisiera decirle algo.

—¿Qué haces aquí?¿Quién eres? —Preguntó Luc como si esperase una respuesta de aquel pequeño ser.

De repente, el ruiseñor comenzó a cantar y sin saber cómo Luc entendía todo lo que aquel pájaro estaba diciendo. Éste le contó la historia del Ciervo y el Colibrí, el sueño de la Madre Tierra y como despertó revitalizada y con fuerza para sanar al planeta. Durante tres días hará caer agua del cielo, un agua que limpiará los cielos y la Tierra. Salid a los balcones, ventanas y azoteas para recoger esta agua que os sanará y protegerá. Y así el Hombre, nuevamente, volverá a ser libre. Pero recuerda, pequeño amigo, el planeta entero, incluido todos los seres vivos, animales y plantas que habitan en Él, han querido salvar al Hombre. Lleva este mensaje al Hombre adulto para que entienda que Todos somos Uno. Y que él forma parte de la Madre Tierra. Y Ella necesita que la raza humana abra su corazón para que actúe siempre desde el Amor. Dicho esto comenzó a cantar la canción de Gaia. Aún seguía cantando el pequeño pajarillo, cuando el cielo se cubrió de nubes y comenzó a llover.

—Cuando el agua cese, un hermoso arcoíris se dejará ver, invitando al Hombre a salir. Cuando ese momento llegue y las calles se llenen, el Hombre ya no será el mismo, pues vosotros, los niños y niñas de la Tierra recordaréis la canción de Gaia, la canción de la Madre Tierra.

El ruiseñor hizo un gesto reverencial, le dio una piedra de cristal azul y una pluma para sellar este momento de amistad y echo a volar. Luc seguía oyendo la canción a través del trinar de su pequeño amigo. Se despidió del ruiseñor, miró al cielo y ahí estaba ella, una hermosa Luna Llena le sonreía y le invitaba a volver a dormir.

A la mañana siguiente, continuaba lloviendo, tal como había dicho el pequeño pajarillo. Luc le contó a su padre lo que había pasado esa noche. Estaba emocionado relatando aquella historia. Los ojos de su padre se llenaron de lágrimas porque entendió que la raza humana volvería a tener otra oportunidad. La madre de Luc, que estaba en una habitación continua se acercó, y al escuchar a su hijo se llevó sus manos al corazón, pues éste se llenó de amor. Se abrazaron fuertemente y juntos salieron al jardín de su casa para recoger el agua que sanaría a la Humanidad. Pronto se dieron cuenta que todas las familias que vivían en aquel pequeño pueblo estaban haciendo lo mismo. Todos cantaban la canción de la Madre Tierra, mientras bailaban, reían y lloraban bajo la lluvia.

Al tercer día, como bien había anunciado su pequeño amigo, la lluvia cesó y de nuevo el Sol iluminó el cielo. Un hermoso Arcoíris se dejó ver en todo el Mundo. El Ser Humano recuperó su conexión con la Naturaleza. Sanaron los enfermos, los abuelos volvieron a abrazar a los nietos y las personas volvieron a recorrer las calles de las ciudades y pueblos. Pero ya nada era igual, porque todos los niños y niñas de Mundo recordaban la canción de Gaia.

Fin

María José Romero Toscano

 

Puedes disfrutar del audio cuento en el siguiente enlace de YouTube: 

2 comentarios en «LA CANCIÓN DE GAIA»

    • Muchísimas gracias por expresar tu sentir. La canción de Gaia es un cuento maravilloso que toca con mucho amor el corazón de quien se adentra en su historia. Deseo de corazón que lo disfrutes cada vez que te dejes sentir en su lectura.

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