El Blog de Espacio Cuidado Natural

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APRENDER A MEDITAR

círculos de arena

A través de estas líneas, quiero hablarte sobre la meditación. No importa si no has practicado nunca, no importa si no has oído hablar sobre ella… Si sientes algo de curiosidad, es suficiente para abrirte a esta experiencia, para experimentarla y para dejarte sentir en sus muchos beneficios.

La meditación es una práctica que nos ayuda a cultivar el estado de presencia. Vivir desde ahí, nos lleva a habitar el aquí y el ahora. A no perdernos en las preocupaciones, desafíos y miedos del futuro, ni a recrear aquello que ya pasó en el pasado. Vivir con plenitud se aprende habitando el presente. Y una manera maravillosa de afinar este aprendizaje es a través de la práctica meditativa.

“Vivir en plenitud no es utópico, una quimera imposible de alcanzar. Vivir en plenitud es un estado que llega cuando me doy cuenta que sólo he de SER. Mi corazón sonríe al igual que mi rostro. No hay necesidad para mantener la tensión, la lucha por intentar ser otra cosa… Mi cuerpo se entrega a ese descanso y disfruta de lo que soy hoy y se mantiene ilusionado por ver lo que seré mañana”.

Al principio, puede resultar desafiante. Sobre todo si existe mucha desconexión con el cuerpo y la respiración; además de una mayor identificación con nuestra mente y con nuestro diálogo interno: LO QUE NOS DECIMOS Y CÓMO NOS LO DECIMOS.

Poco a poco, con mucho amor y paciencia, podemos profundizar en esta práctica, la cual nos reportará grandes beneficios; tanto físicos, psico-emocionales, mentales y espirituales. Poco a poco, con amor y paciencia, el habitar nuestro mundo interno nos ayudará a fluir con lo que nos toque vivir en el mundo externo.

Quizás, de manera natural, florecerá un dulce contentamiento, la alegría serena, el gozo de saberse disfrutar, de sentirse vivo, de vivirse sintiendo.

A mí me gusta definir la meditación como un ejercicio de atención que nos ayuda a entrenar y fortalecer a nuestra alocada e hiperactiva mente. Podría parecer sencillo y simple; de hecho desde fuera, se ve al meditador en una actitud de quietud y de “no hacer”. Nada productiva, si la comparamos con la tendencia acelerada en la que solemos movernos en occidente. Sin embargo, en el interior del meditador ocurre algo sorprendente. La persona se coloca en el observador de lo que ocurre dentro de sí, en lo que llamamos la Conciencia Testigo.

Con la práctica, la persona aprende a permanecer en quietud a pesar de lo que acontece fuera y dentro. Como si diera un paso hacia atrás; descubriéndose en un escenario, donde se coloca como un simple espectador. Con perseverancia y paciencia, el meditador deja de identificarse con aquello que en el mundo exterior le inquieta o perturba. Desde su mirada interna puede ver más allá del conflicto para descubrir el aprendizaje de lo vivido o  la claridad de la que poder florecer nuevas  soluciones más acordes a su resonar y sentir.

Te detallo algunos de los muchos beneficios, por si aún no he conseguido animarte a practicar; no sin antes recordar, que todos ellos se disfrutan cuando se consolida y se integra la meditación en el día a día.

La persona entra en espacios internos en los que aprende a regular su estado emocional y a disfrutar de intervalos de serenidad y calma.

Apertura al momento presente.

Mayor capacidad para aceptar y resolver los desafios del día a día.

Drenaje de emociones y patrones estancados en el subconsciente.

Disfrute de una conciencia ampliada, desde la que vislumbrarse a sí mismo y el entorno del que forma parte.

El florecimiento del sentimiento de unidad.

Adaptación, resiliencia, fortalecimiento y fluidez en momentos desafiantes y contractivos.

Integración de la sombra o partes rechazadas de uno mismo.

Disfrute de mayor concentración y atención.

Conexión con nuestro lado más intuitivo y creativo…

Cuando una persona decide iniciarse en el arte de la silenciación y la meditación, suele enfrentarse a sus propias resistencias o miedos; dificultades que, en muchas ocasiones, desmotivan a la persona en su intento por avanzar y profundizar en la práctica meditativa. La más significativa es enfrentar una lucha interna por conseguir dejar la mente en blanco. Al no conseguirlo, generará un gran enfado y frustración. Si no cuenta con el sostén y asesoramiento adecuado, puede llevar a la persona al abandono de la práctica. Otras resistencias son el forzar el cuerpo a mantener una determinada postura durante la sentada de meditación, no disponer de tiempo para meditar, creer que sólo determinadas personas están hechas para la meditación o que para meditar hay que vivir lejos de la ciudad, aislado de la sociedad.

Se hace necesario aclarar que meditar no es sinónimo de dejar la mente en blanco. Éste no es el objetivo. El gran objetivo de la meditación es favorecer el autoconocimiento y cultivar la Atención. Es activar a la Conciencia Testigo que habita en nosotros, a través de la cual, podemos ser más conscientes de nuestro movimiento interno (emociones, sensaciones corporales y pensamientos), creando espacio entre lo que sucede fuera de nosotros y lo que se despierta dentro. Nuestra mente siempre va a generar pensamientos, su trabajo es ese. Lo importante es aprender a no identificarnos con ellos. Porque es a través de la identificación que generamos sufrimiento.

mujer meditando en la montaña

Cuando la persona aprende a colocarse en el observador de sus procesos internos, puede dar un paso hacia atrás y generar un nuevo orden, una nueva respuesta y avanzar hacia otro estado vibracional o de consciencia. En definitiva, vivirse en plenitud a pesar de lo que en ese momento esté viviendo, vivirse en autenticidad, vivirse en libertad, libre de condicionamientos y creencias, vivirse en aceptación y totalidad.

Por lo tanto, podríamos afirmar que todas las personas que deseen pueden iniciarse en la práctica meditativa. Es cierto, que aquellas personas con gran actividad o rigidez mental, que han pasado por una vivencia traumática o están diagnosticadas de algún trastorno mental deben siempre estar acompañadas por una persona instruida en meditación, para garantizar una práctica sostenida y saludable.

Desde la mirada transpersonal, todo practicante de meditación debe conocer los tres pilares de ésta: LA POSTURA, LA RESPIRACIÓN Y LA ACTITUD.

Aunque he mencionado algo en relación a la POSTURA, es interesante profundizar en ella. Cuando imaginamos a un monje zen meditando, la primera imagen que nos llega es la de una persona sentada en una postura de loto difícil de recrear. Sin embargo, mantener una correcta postura durante la meditación es mucho más sencillo y práctico. Para facilitar que la energía fluya a través de nuestro cuerpo, es importante garantizar que nuestra columna vertebral pueda sostenerse alineada y erguida. Para ello, nos sentaremos en una silla o sobre un zafú (cojín de meditación), según nuestra flexibilidad y el estado de salud de nuestras rodillas y espalda.

Si optas por una silla, es importante que te retires del respaldar. Las plantas de tus pies estarán en contacto con el suelo (alfombra, calcetines, cojín) y has de sentir como tu columna se va alargando, creando un eje vertical capaz de sostenerse en perfecto equilibrio, sin esfuerzo y sin dolor. Los hombros se mostrarán relajados. Tu plexo cardiaco, ligeramente abierto. Y tu coronilla se orientará hacia el cielo; para ello, has de recoger con suavidad la barbilla hacia tu garganta. Con ello, quitarás tensión a tu región cervical y sentirás la verticalidad de toda tu columna vertebral. Los brazos estarán relajados, descansando sobre tu regazo. Si conoces algún mudra (postura que adopta los dedos de nuestras manos y en la tradición oriental acompaña las sentadas de meditación), puedes colocar tus dedos en dicha posición. No siendo esto último, algo fundamental o indispensable. Una vez construida la postura de meditación,  sentirás tu cuerpo alineado, conectado a la tierra y al cielo, sintiendo o imaginando como un hilo dorado recorre todo tu canal central (eje vertical), manteniéndote en unión con la tierra y el cielo, con tu dimensión humana y espiritual.

Si eliges sentarte sobre un cojín de meditación o sobre un banco de meditación, adaptarás la postura para que tu cuerpo se sienta cómodo y confortable; manteniendo siempre la verticalidad de tu columna. Haz uso de todos los soportes necesarios para ofrecer confort a tu cuerpo (mantas, tacos, cojines, zafutón…).

Comienza de poco a poco, hasta que te resulte agradable sostener la postura durante más tiempo.

La RESPIRACIÓN es el segundo gran pilar de la meditación, pues nos sirve para cultivar la atención durante la práctica. Observar el flujo respiratorio y hacer de este movimiento automático, algo consciente, nos ayuda a serenar nuestro estado emocional y mental. Una respiración que al ser observada se va, poco a poco, serenando, sintiéndose cada vez más lenta y profunda.

Como hemos dicho anteriormente, la mente siempre va a generar pensamientos. Y en muchas ocasiones, nos sentiremos arrastrados hacia nuestras batallas mentales.

La respiración y la atención sobre ella, siempre nos va a ofrecer el camino de regreso hacia un estado más neutral y desapegado, desde el que observar cómo el pensamiento aparece para sin más, desaparecer.

Con el tiempo, puede que disfrutemos de espacios, de observación y plena atención, más amplios; alternos con otros, donde la mente y sus pensamientos crean una red aparentemente difícil de deshilachar. Todo está bien. No existen meditaciones buenas o malas. La meditación nos permite drenar ese exceso mental y emocional que se acumula fruto de nuestras experiencias y de nuestra manera particular de interpretar y dar forma a lo que vivimos. Un entrenamiento que nos lleva a vivirnos desde la claridad que nos ofrece la “no identificación” con nuestro discurso mental.

El último pilar es la ACTITUD. ¡Qué importante es adentrarse en la práctica desde una mirada amiga y amable! Sin expectativas y con apertura a lo que en ese momento se vaya a vivir. Desde la no exigencia y sí desde el sostén y el cuidado hacia a uno mismo. La invitación es a cultivar una actitud amorosa, paciente y compasiva, ocurra lo que ocurra durante la práctica. Recuerda… se aprende a meditar, meditando.

UNA LIGERA SONRISA SE DIBUJARÁ EN TU ROSTRO, AL TIEMPO QUE TU CORAZÓN LIBERARÁ UNA EMOCIÓN CÁLIDA DE TERNURA Y AMOR HACIA TI MISMO Y HACIA EL ENTORNO QUE TE RODEA.

Como para aprender, hay que practicar, desde Espacio Cuidado Natural te queremos acompañar en esta aventura que es la meditación. José Manuel y yo (María José) hemos creado un Club de meditación, con la intención de crear una red que nos sostenga en nuestro aprendizaje y profundización. 

Si sientes en tu interior el llamado al Silencio como camino de autoconocimiento y te gustaría sentirte acompañado/a haz click en el enlace que te llevará al grupo de whatsapp en el que cada semana compartiremos el horario de las meditación, así como el enlace de zoom para entrar en la Sala de Meditación online.  

Gracias por leer hasta el final. Puedes escribirnos en comentarios, si te ha surgido alguna duda tras leer sobre la meditación. Por cierto, este texto forma parte de mi nuevo libro PALABRAS QUE SANAN que encontrarás en la sección de libros de nuestra web.

 

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