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LA LUZ DE LA LUNA

La Luna y el Sol

Cuenta una vieja historia,
narrada alrededor del fuego,
por hombres y mujeres sabias,
que la luz que emana la Luna
es fruto de un bello reflejo.

Que su corazón,
hace mucho tiempo,
estaba frío como el hielo.
No había luz en su mirada.
Sólo la oscuridad la arropaba.

No había encontrado sentido
a su largo camino.
Desde donde ella estaba,
todo a su alrededor brillaba.
Ella se sentía sola y triste.
Girando sobre sí misma,
observando todo a través
de un mismo prisma.

El Sol que sintió su desesperanza, unos rayitos de su luz le envío.
Para consolar a una Luna que suspiraba perdida
en su propia tristeza
y desolación.

«No te das cuenta amada Luna
que tú Luz sólo puede ser vista
a través de la mirada del otro».

Allá en la Tierra,
mujeres y hombres
adoran tus luces y sombras.
Cuentan cuentos y poemas
entorno a tus infinitas vueltas.

¡Brillas sin darte cuenta!

Quizás si llevas tu mirada
hacia nuestro azul planeta,
descubras también su luz
y la vida que palpita
en cada Ser que la habita.

Ellos reclaman tu atención,
con sus historias al calor
de una fogata
o a través de sus poemas,
cantos y danzas.

Hay muchas estrellas en el cielo,
pero para todos ellos,
Tú eres su Luna,
la que corona el firmamento.
La que esperan cada noche
cuando el Sol se esconde
O cuando al amanecer,
por unas horas,
aún te dejas ver.

¿Cómo puedes descubrir tu belleza
si no te entregas
a la belleza que te rodea?

La Luna sin saber que decir,
acarició los rayitos de sol.
Un calor agradable sintió.
El de un buen amigo
que siempre había estado allí
haciéndole llegar su amor y su luz.

La luna por fin sonrió.
Conoció su propia luz
a través de la luz del Sol.
Pudo llegar a entender
que la Tierra, La Luna y el Sol
bailaban la misma canción.
Que juntos crean algo hermoso.
Un fino equilibrio
que brinda de luz y de vida
a nuestro bello planeta.

Le encontró el sentido
a sus infinitas vueltas.

Su corazón ya no estaba tan frío.
Ahora sentía los cálidos rallitos del Sol
y sabía que desde la Tierra
podían ver su Luz
más allá del reflejo
de su amigo Sol.

Todos portamos nuestra propia Luz.
Al igual que la Luna,
brillamos sin darnos cuenta.
Nos reflejamos unos a otros
para aprender a amarnos
y amar la vida que nos rodea.
Y si está en tu mano
mostrar su luz a un hermano
descubrirás en ese gesto
la belleza de la tuya propia.
La que emana de un corazón
que conoce el sentido
de su propio latido.

Cuenta una vieja historia,
narrada alrededor del fuego,
por hombres y mujeres sabias,
que la luz que emana la Luna
es fruto de un bello reflejo.

María José Romero Toscano 

 

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