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LAS CUATRO ENERGÍAS

Creación de la mujer

Hace mucho, mucho tiempo cuando el ser humano aún no había dejado su huella sobre el barro y la piedra, existían cuatro energías que danzaban alrededor de la Tierra. Cada una de ellas nació impulsada por el propio latido de Madre Tierra, reflejo de los cambios por lo que ciclo a ciclo, ella transitaba.

En cada Primavera nacía la energía de la Doncella, que con su vitalidad traía el florecimiento a todos los reinos. La vida renacía después del largo invierno y la luz de un Sol despierto recordaba a todo ser vivo que no existía mejor momento que el ahora, para mostrar la belleza que cada uno en su interior contenía. Una explosión de vida y color acompaña cada nacimiento en primavera. La alegría de la vida que despierta, de lo nuevo que llega, el empuje y la ilusión de emprender una nueva senda…

Una Doncella curiosa y aventurera que se desvanece al llegar el Verano, dando paso a otra energía que sin esfuerzo nos recuerda el amor y la entrega incondicional de la Madre. La Tierra regala su gran variedad de frutos, una abundancia infinita de textura y sabor. El Sol se crece ofreciendo sobre la Tierra días largos y noches cortas, para que la vida crezca en plenitud y experiencia.

Con la caída de las primeras hojas, la Madre se duerme mientras despierta la Chamana. Una época de observación y visión alta. De preparación a lo que llega, de un caminar más consciente y pausado. La Tierra se prepara para un largo sueño y la vida en cualquiera de sus formas se deja llevar por el letargo que ofrece el Invierno.

Llegan las primeras nieves y la Anciana recuerda el calor de su cueva, la sabiduría del silencio y la rendición a la muerte. El Sol ofrece una luz tenue y a la vez suficiente y la noche se alarga  mientras la vida duerme

Cuatro energías que en algún momento, guiadas por la sabiduría del que Todo Sabe, en una danza sagrada dan forma al espíritu y al cuerpo de la mujer; en una necesidad de sentirse contenidas y unidas en un solo ser.

La belleza era evidente en tal creación, pues reflejaba el Todo en el Uno y el Uno en el Todo. Naturaleza y Vida, una simbiosis perfecta de armonía y belleza. La mujer sería guiada por estas cuatro energías y pronto se daría cuenta de su vinculación con la Madre Tierra, las estaciones, la Luna y el Sol. Ella atesoraría en su propia naturaleza un legado que mantendría vivo en su vientre y en el hilo de su sangre. El hombre no pudo más que enamorarse de ella y rendirse a su magnetismo y belleza. La mujer encontró en el hombre un reflejo en el que descubrirse a sí misma.

Cuatro energías que danzan dentro y fuera de todas y cada una de las mujeres que habitan este planeta, creando una hermosa red alrededor del corazón de Madre Tierra.

FIN

 

María José Romero Toscano

Este cuento nos acompañó durante el último círculo de mujeres que vivimos en Sevilla, en Guruveda Yoga. Una experiencia nutritiva y muy enriquecedora para todas las mujeres que sintieron el impulso de acompañarme. Existe una manera más bella y profunda de sentir y de relacionarnos con nosotras mismas y con el entorno que nos rodea. Si en tu interior se despierta el anhelo de descubrirte, el círculo te abraza y te acoge. 

Escribo desde el corazón para acariciar el alma, elevar la mirada y crecer en amor.

Puedes descubrir más Cuentos Medicina en el siguiente enlace.  Y si te animas a reflejar tu sentir, me encantará leerte en comentarios.

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